El niñito ahogado, Aylan Kurdi, nos hace llorar y pensar

“Querido Aylan, que tu imagen estirada en la playa nos suscite el poco de humanidad que siempre queda en nosotros, una brizna de solidaridad, una lágrima de compasión que no conseguimos retener en nuestros ojos cansados de ver tanto sufrimiento inútil, especialmente, de niños como tú. Ayúdanos, por favor, sino la llama divina que tiembla dentro de nosotros, puede apagarse. Y si ella se apaga, nos hundiremos todos, pues sin amor y compasión nada más tendrá sentido en este mundo.”

Leonardo Boff

El niñito sirio de 3 o 4 años yace ahogado en la playa, pálido y vestido todavía con su ropita de niño. De bruces y con la cara vuelta hacia un lado, como si quisiese respirar aún. Las olas tuvieron piedad de él y lo llevaron a la playa. Los peces, siempre hambrientos, lo respetaron porque también ellos se compadecieron de su inocencia. Aylan Kurdi es su nombre. El padre no pudo sujetarlos y se le escaparon de las manos, tragados por las aguas.

Querido Aylan: tú huías de los horrores de la guerra en Siria, donde tropas del presidente Assad, apoyado por los ricos Emiratos Árabes, luchan contra los soldados del cruel Estado Islámico, ese que degüella a quien no se convierte a su religión, tristemente apoyado por las fuerzas occidentales de Europa y de Estados Unidos. Imagino que te daba miedo el sonido de los aviones supersónicos que…

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